Alumnas de Arquitectura construirán sendero inclusivo en toma Pasaje Lorena del cerro Jiménez

Concurso Impacta UV 2017.
Mejorar la conectividad de la toma Pasaje Lorena del Cerro Jiménez de Valparaíso mediante un mapa de senderos, incluyendo en su diseño el relato de los habitantes fundadores del campamento y una construcción colaborativa es el objetivo del proyecto que desarrollan las alumnas de la Escuela de Arquitectura Francisca Vera, Valentina Astorga, Karla Ruiz y Johana Carvallo.

La iniciativa, ganadora del concurso Impacta UV 2017, busca contribuir desde la inclusión a superar diversas problemáticas existentes en el lugar, como el déficit infraestructural en términos de conectividad urbana intrabarrial, calles de tierra, inexistencia de barandas, escaleras con huella y contra huella fuera de norma, ausencia de transporte público y mobiliarios asociados.

La toma Pasaje Lorena es una de las más antiguos entre los sesenta y ocho campamentos que existen en Valparaíso, fue fundada en 1985 y actualmente está integrada por aproximadamente cuarenta y dos familias.

Visibilizar los problemas

Johana Carvallo, alumna integrante del grupo que desarrollará la propuesta, explica que “el objetivo es generar un impacto que visibilice los problemas de accesibilidad de Valparaíso, además de desarrollar identidad para con el proyecto por medio de participación ciudadana activa e incorporar el diálogo intergeneracional”.

Mientras que su colega Karla Ruiz, asegura que “la falta de un sendero era un dolor latente en la comunidad, ni siquiera tuvimos la necesidad de hacer la pregunta, ellos nos dijeron de inmediato lo que necesitaban. A partir eso hemos estado buscando soluciones de la mejor manera posible. Estudiando y analizando en conjunto diversas alternativas llegamos a la idea de hacerlo con material vernáculo que es maicillo que se encuentra en el lugar y cemento, con la técnica de suelo-cemento”.

Precisamente, el sendero tendrá un total de setenta metros lineales y un metro cuarenta centímetros de ancho, realizado mediante la técnica del suelo-cemento, método que permite reducir costos, debido a que el maicillo es un material resistente  presente en el lugar que se mezcla con cemento, disminuyendo el costo de la obra, ya que es un material sustentable, que no genera grandes impactos y es resistente a esfuerzos de compresión, adoptando propiedades como la impermeabilidad y estabilidad en el tiempo.

Las alumnas generarán además un trabajo de canalización de aguas lluvias y reforestación para estabilizar el material y los suelos. El proyecto tiene una duración de construcción aproximada de seis meses contando desde marzo del 2018.

El desafío de la inclusión

Tal como explica Valentina Astorga “la idea del proyecto es relacionarnos con la ciudad y que los habitantes de la toma sean parte de ella, por medio de un  sendero inclusivo. El objetivo no es solo llegar y poner el suelo-cemento, sino que más bien desarrollar un diseño participativo donde los propios pobladores construyan los adoquines y le impriman un sentido de identidad al trabajo”.

Idea que refuerza Karla Ruiz: “Las tomas han sido nuestro laboratorio desde dónde hemos rescatado la identidad barrial buscando en su historia y registrando sus relatos. Es claro que sus habitantes están casados de las promesas y de ser objetos de estudio, pero a través de la mirada social de la UV y de nuestra carrera, esperamos comprometer el esfuerzo de profesores y estudiantes para ejecutar estos trabajos tan necesarios para la comunidad”.

En este sentido Johana Carvallo agrega que “cuando decidimos trabajar con esta toma fue por sus problemas de acceso e inclusión, les faltaba algo muy básico, pero también muy propio de Valparaíso, como lo es el acceso formal a una entrada. La mayoría de las tomas tienen un desarrollo lineal o acceso a la calle principal, pero esta toma no lo tiene, incluso a las personas con discapacidad deben tomarlas en brazo para poder bajar porque está en una quebrada, entonces es un desafío que como estudiantes de arquitectura de una universidad pública debemos afrontar”.

Trabajo colaborativo

Según señala Valentina Astorga se realizaron “diversas pruebas en el laboratorio de materiales para acercarse a la norma de construcción de aceras. Nos acercamos bastante con las pruebas y eso nos deja muy contentas. De todas maneras éste es un proceso que requiere un trabajo colaborativo, tanto con la gente de la toma, así como también con profesores y estudiantes de nuestra carrera”.

Mientras que Johana Carvallo asegura que “básicamente queremos demostrar que es posible, ellos han recibido muchas promesas que finalmente no se cumplen, incluso les han dicho que no se puede, pero con pocos recursos es posible ejecutar muchas ideas nuevas. Vamos a incluir a la comunidad en el desarrollo del sendero, porque la idea es que tenga aspectos que revelen la identidad de la toma”.

En tanto Karla Ruiz, indica que “ahora que incentivamos un proceso de reunión social dentro de la toma, esperamos profundizarlo. El primer impacto sería la habilitación de un espacio público del sector que es usado como una cancha, pero que en realidad no lo es. Sus accesos son complejos y casi imposibles para niños o personas de la tercera edad. Consideramos la inclusión como un trabajo colaborativo y esperamos que todos puedan caminar por el sendero”.

 
 

Facultad de Arquitectura
Universidad de Valparaíso
Chile